jueves, 29 de mayo de 2014

POLÍTICA TRIPLE “C”



Introducción

Al reflexionar sobre los problemas económicos de Argentina, uno debe tomar algún marco de análisis que vaya más allá de los datos estadísticos (independientemente de su credibilidad). En este sentido, dedicamos este reporte a plantear un esquema de análisis en términos cualitativos.
Para quienes están en finanzas, la triple “C” es el último escalón en las calificaciones de riesgo crediticio, pero en esta ocasión lo usamos como acrónimo de lo que en realidad consideramos como cualidades básicas de una política que te lleve a una máxima calificación crediticia, la AAA.
Tomamos como punto de partida la trinidad Consistencia, Credibilidad y Comunicación, como los factores que hacen a una política exitosa, de ahí la triple “C”.
La Argentina en materia de política económica ha transitado todas las combinaciones posibles en la “década ganada”, aunque desafortunadamente, en el sentido menos beneficioso para la sociedad: ha ido del triple “C” al triple “I”: Inconsistente, Increíble, Incomunicada.

Un poco de perspectiva

La teoría económica tiene varias páginas dedicadas al análisis de políticas económicas en términos genéricos, esto es, más allá del contenido programático de las mismas. Esta línea de análisis permite explicar algunos fenómenos de la realidad, como ser, por qué una misma política económica aplicada en dos lugares diferentes arroja resultados distintos?
A comienzos de la década de 1980 dos economistas americanos, Barro y Gordon, se preguntaban por qué hay un sesgo inflacionario en la política de los bancos centrales, y la respuesta abrió todo un campo nuevo de análisis que tiene que ver con dos de los aspectos que planteamos en este texto: Consistencia y Credibilidad.
En términos sencillos, Barro y Gordon muestran que una política Consistente, pero No Creíble, es tan mala como una No Consistente.
Que quede claro que cuando usamos el término Consistente no estamos haciendo juicio de valor sobre el tipo específico de política, sino hablamos que la misma sea apropiada en el momento. Por ejemplo, usar Reservas Internacionales puede ser una buena medida de política en un momento del tiempo (tasas de interés muy elevadas, por poner solo un factor), pero muy mala en otro.
El concepto de Credibilidad es mucho más intuitivo: anuncio algún tipo de política y la gente me cree o no me cree. Ejemplo: digo que no voy a devaluar, si la gente me cree el mercado cambiario se mantendrá sin presiones adicionales. Si no me creen, habrá una nueva presión sobre el mercado cambiario ante la expectativa de que sí se devalúe.
El tercer factor que planteamos es la Comunicación. En este caso, la teoría ha avanzado con posterioridad en términos cronológicos, y fundamentalmente atada al desarrollo de lo que se denominan esquemas de metas de inflación, donde uno de los pilares para el correcto funcionamiento del mismo, es la buena comunicación no solo de las decisiones de política, sino también de la visión que los hacedores de política tienen sobre el estado y  funcionamiento de la economía.
Aquí podemos ejemplificar por medio de lo sucedido en años recientes en Estados Unidos y la lectura que se hace de los comunicados de prensa del Comité de Política Monetaria de la Reserva Federal. Se llegó al extremo de creer que una coma más o menos en dichos comunicados, podía implicar un cambio en la visión de las autoridades monetarias sobre el estado de la economía!
Esta situación llevó a que sistemáticamente se fuera esclareciendo el contenido de los mismos, que pasó en la década de 1990 de tener solo 2 párrafos (muy sintéticos además), a la situación corriente, donde se utilizan 6 párrafos largos para explicar por qué la tasa de interés subió, bajó o se dejó sin cambios.

Un poco de introspectiva

En una primera etapa, tras el inicio de la recuperación post debacle de 2001, la política económica presentaba las tres características deseables: era consistente, ya que estimular el gasto agregado no encontraba restricciones físicas ni monetarias, la credibilidad estaba, ya que era un gobierno nuevo, que si bien arrancó con poco apoyo electoral, en la primer elección legislativa logró refrendar su poder, y la comunicación era clara: por caso, el Banco Central comenzó a publicar reportes periódicos sobre el estado de la economía (entre ellos el que se denominaba Informe de Inflación, hoy rebautizado Reporte Macroeconómico…)  y a compilar y divulgar un relevamiento de expectativas económicas (Relevamiento de Expectativas de Mercado – REM-), y de hecho, el Ministerio de Economía también hizo un intento por confeccionar y publicar sus propios informes de coyuntura.
Era la etapa relativamente fácil, donde la lucha era contra la apreciación del peso, donde se imponían trabas al ingreso de capitales financieros, donde los precios de commodities “volaban” en los mercados internacionales.
El tridente fue mutando, la consistencia se fue perdiendo, de la mano del agotamiento de la capacidad ociosa, tanto en términos de mano de obra, como de capital. La primera señal clara que surgió fue la inflación. Cuando se llega a esta etapa, ya no es recomendable seguir con la política de incentivo al gasto agregado o, en todo caso, al componente de consumo privado y gasto público del gasto. Si el foco hubiera sido la inversión privada o la infraestructura pública, los resultados podrían haber sido diferentes.
Entonces una vez perdido el componente Consistencia, en lugar de acomodar la política a la nueva coyuntura, la decisión fue perderla de forma deliberada. Este emerge como el peor escenario posible, porque una cosa es encontrarse frente a un shock externo, imprevisto, y reaccionar equivocadamente en términos de política, y que esto nos conduzca a una situación de inconsistencia. Pero otra muy diferentes es, teniendo las señales, teniendo el aviso de los equipos técnicos sobre la necesidad de cambio, deliberadamente no cambiar.
Así, la única respuesta que encontró el Gobierno fue romper el segundo puntal de la buena política: la comunicación. Se intervino el organismo estadístico, se comenzó a construir un relato sobre la realidad, y finalmente se intentó castigar a los privados que osaron informar sus estimaciones macroeconómicas.
En paralelo, el Banco Central de la República Argentina continuaba relevando el REM, hasta que se volvió una situación completamente incómoda, aun cuando los informantes en lugar de estimar variables económicas intentaban adivinar qué iba a publicar el INDEC. La solución fue colgar el cartel de “Readecuación del Relevamiento de Expectativas de Mercado”, modificación que aún está proceso…
Finalmente, la conjunción de inconsistencia de política, incomunicación de la política, indefectiblemente complota de lleno contra el tercer pilar fundamental de una exitosa política económica: la credibilidad.
Así las cosas, cuando un funcionario, independientemente del rango que tenga, sea Presidente de la Nación, sea Ministro de Economía, o Secretario de Estado, sale a anunciar que “van a tener que esperar a otro Gobierno si quieren una devaluación”, la gente va y compra dólares, por las diferentes vías legales, o las no legales.
Cuál es el gran problema de haber llegado hasta el fondo de la tabla? Que el camino es mucho más empinado hacia arriba. Reconstruir credibilidad no es tan sencillo como destruirla. Las medidas económicas que se tienen que tomar, tienen que ser, y se tienen que mantener, de forma mucho más estricta que en un escenario de confianza.
Un ejemplo en este sentido nos lo aporta la salida de la Convertibilidad en 2002. Se decidió inicialmente mover la tasa de cambio desde 1 a 1,4, pero no fue creíble, lo que desencadenó la liberación del tipo de cambio, el cual “corrió” hasta 4 en seis meses, para luego comenzar a bajar hasta el año 2004.

Resumiendo

Una política económica exitosa requiere de tres características fundamentales: Consistencia, Comunicación y Confianza. En Argentina hemos pasado por todas las combinaciones posibles de estos pilares, y los resultados han sido siempre claros.
En la década de 1990, la Convertibilidad tuvo su período de consistencia en sus primeros 3 a 4 años, se ganó la credibilidad, y la comunicación fue consecuente. Sobre principios del nuevo siglo, la consistencia desapareció, la comunicación falló, y la credibilidad se esfumó.
La década “ganada” arrancó en una posición inmejorable, una triple “C” en nuestra escala, y hoy estamos en la triple “I”, no es necesario caer en una crisis alla 2001-2002 para iniciar el camino de retorno, mucho menos llegar a una nueva calificación “D” en términos de riesgo crediticio.

viernes, 7 de marzo de 2014



Estadísticas cambiarias


Se publicó (aunque no se difundió…) el Balance Cambiario que elabora el BCRA, con los datos de cierre para el año 2013. Van los principales puntos:
-          La cuenta corriente finalizó con déficit de US$13.277 millones
o   Es el primer resultado negativo anual desde que se compila la estadística en el año 2003
-          La cuenta capital y financiera finalizó con superávit de US$1.452
o   Es el segundo superávit desde que se compila la estadística
o   Es el segundo año desde que se compila la estadística que hay más ventas de billetes que compras por parte del sector privado
-          Caída de reservas por US$11.825 millones
o   Tercer año consecutivo de caída, pero el más alto por mucho

Cuenta corriente del Balance Anual del Mercado Único y Libre de Cambios
En millones de dólares

De la tabla 1 surge de forma muy clara el problema de competitividad: cae el saldo de mercancías y cae la cuenta servicios, donde el principal componente es la cuenta viajes.
En las rentas hay que tener en consideración que se han pisado los giros de utilidades y dividendos (entre 2011 y 2013 se “redujeron” aproximadamente US$3.000 millones por año), lo que explica la relativa mejora y menores pagos de intereses de deuda.
Por el lado del movimiento de capitales, los destacados son la fuerte salida de divisas por cancelaciones netas de deuda, aunque esto es repetido del año previo, pero la mayor diferencia es que el sector privado no financiero (o sea el público en general) se desprendió en términos netos de casi US$400 millones.





Cuenta capital y financiera del Balance Anual del Mercado Único y Libre de Cambios
En millones de dólares

Ahora, lo más llamativo es la comparación contra la información de INDEC. Si tomamos el último informe sobre Intercambio Comercial Argentino, el balance comercial fue de US$9.024 millones:

La diferencia está fundamentalmente en las exportaciones reportadas por INDEC en US$83.026 millones, en tanto que el BCRA tiene registrados movimientos de divisas por exportaciones de mercancías US$75.250 millones.
Para dejar más dudas, va gráfico comparativo del resultado histórico del balance comercial por estas dos vías, donde salvo algún caso puntual, siempre fue superior el resultado del MULC que el del ICA, pero además la diferencia no ha sido de gran magnitud.
Gráfico 1 – Balance de mercancías
En millones de dólares

En síntesis, las dificultades en el mercado cambiario que vemos desde 2012 tienen raíz en la situación de competitividad, algo que se ve muy marcado en el último año, donde las exportaciones caen (US$5.000 millones menos), el turismo internacional fue una fuente de salida neta de divisas (US$5.600 millones menos), y el crédito externo, tanto para el sector público como para el privado, va en franca disminución (se cancelan anualmente US$5.000 millones).

martes, 3 de septiembre de 2013

Recaudación: sensación de ralentización

La información sobre la recaudación impositiva del mes de Agosto solo viene a confirmar lo que se siente en la calle y también anticipando desde el análisis económico, esto es, la actividad está en el mejor de los casos, planchada.



Pasado el efecto del cambio en la modalidad de pago de los saldos de las declaraciones juradas de ganancias y bienes personales (ahora solo se puede ingresar el saldo en 3 cuotas y antes se podía pagar en muchas más cuotas), se ve que los ingresos por estos conceptos están lejísimo de crecer al 40% como festejaba el gobierno.
El otro dato importante para marcar (y seguir en los meses que vienen) es la recaudación por los conceptos de Seguridad Social. Por primera vez en mucho tiempo, el crecimiento en el mes fue menor al 30%, una golondrina no hace verano, pero hay que estar atentos.
El IVA, que en el total sube 32% interanual, cuando se abre entre lo que recauda la DGI (o sea, lo que tiene que ver con la dinámica de consumo interno), la tasa es de 25,4% interanual, apenas suficiente para cubrir la inflación.
En resumen, los datos son poco auspiciosos sobre el estado de la economía, y en los meses que siguen es de esperar que las noticias seguirán siendo negativas (por ejemplo, dada la modificación al mínimo no imponible, y que va a disfrazar lo que comento arriba del cambio en los planes de financiación).

miércoles, 28 de agosto de 2013

Impuesto a las ganancias

Reclamo reiterado de trabajadores, recogido politicamente por algunos sectores, es el relacionado con el pago del impuesto a las ganancias de la cuarta categoria, constituída por las rentas del trabajo personal.
El Decreto 649 del año 1997 es la referencia básica de dicho impuesto, el cual recibió modificaciones de las más variadas hasta la actualidad.
Aquel texto original incluía una serie de deducciones sobre los ingresos laborales y una escala de pago, con alícuotas crecientes por tramos de ganancia determinada.
Asimismo, se incluía el ajuste automático de estos conceptos por la evolución del índice de precios internos mayoristas (IPIM) que elabora el INDEC.
Ante la nueva modificación de las deducciones, y las nuevas multiplicidades de situaciones y arbitrariedades que implican el Decreto 1242/2013, aquí va un comparativo de diferentes sueldos y ajustes, como para ver la generosidad del Gobierno, que nos la recordará mediante una leyenda que diga: “Remuneración y/o Haber no sujeto al Impuesto a las Ganancias - Beneficio Decreto PEN 1242/2013”


La tabla muestra muchas particularidades, la más obvia y favorable para esta nueva iniciativa es que gente que hasta ahora hubiera tenido que pagar impuestos por más de $7000, a partir de septiembre no tendrá que pagar más (todavía no me queda claro si la modificación es para todo el año, por lo que habrá que devolver a quienes tengan salarios brutos menores a $15.000, o aplica hacia adelante).
La segunda obviedad, muy mala creo, es que si en lugar de tener un sueldo bruto de $15000, tengo uno de $15001, tengo que pagar casi $3500, es decir, a mi bolsillo llegarán $300 menos por mes que al que tiene un recibo de sueldo con $1 menos...
Esto se repite entre quienes tienen sueldos brutos de $25000 y $25001, pero en este caso la diferencia de bolsillo rondaría los $500.
En la última línea de la tabla se consigna una estimación del pago de impuesto que habría que realizar si se hubiera respetado el texto original de la ley, es decir, si se hubieran realizado los ajustes de las deducciones y de los tramos del impuesto.
De ahí surgen varias obviedades más. La primera es que efectivamente se estaría mejorando la situación hoy de los que ganan hasta $15000, pero también, se ve que el subsidio ha sido del asalariado hacia el Gobierno estos años, ya que la cantidad que hubiera tenido que pagar sería mucho más baja que la vigente hasta ayer.
Es más, en el caso de los asalariados que se ubican por arriba de los $15000 brutos, hoy se les está cobrando mucho más de lo que la ley original estipulaba.
Resulta que ahora, parece que hay que agradecer al Gobierno que nos devuelva parte de lo que se lleva por la no aplicación de las leyes y la inflación.

martes, 27 de agosto de 2013

Otra vuelta más

La saga del canje de deuda tuvo en estos días un capítulo más, todo dentro de lo esperable (casi digo razonable... pero por estos pagos, la racionalidad hace rato que escasea).

La justicia norteamericana insiste en su posición que a las deudas hay que pagarlas, y por estos lados se insiste con que eso no es correcto.

El fallo incluye una larga lista de argumentos esgrimidos por la defensa argentina, que fueron rebatidos uno a uno por la Corte de Apelaciones, con el agravante que pone al país cerca del desacato cuando cita las declaraciones de funcionarios nacionales (la Presidente y el Ministro de Economía) sosteniendo que no se va a acatar el fallo.

Lo que dice la Corte es que la propuesta que hizo Argentina no fue suficiente, y esa oferta era dar a los acreedores en litigio los mismos títulos que recibieron aquellos que entraron al canje en 2005 y 2010, o sea lo mismo que reabrir el canje.

Ante esa resolución judicial, el Gobierno Argentino redobla la apuesta y reabre el canje, es decir, vuelve a proponer a los acreedores que no aceptaron en su oportunidad las ofertas, lo mismo que la justicia norteamericana manifestó como insuficiente.

A esto hay que sumar un agravante más, la idea de cambiar la jurisdicción de los títulos, esto es, actualmente hay títulos emitidos con legislación en Estados Unidos (por eso el juicio en ese país), y se los cambiaría por unos con igual característica financiera, pero con ley argentina. Esto busca evitar que en la próxima etapa del litigio en EEUU, se de lugar a la sentencia del juez Griesa, que obliga al Bank of New York a retener los fondos que se depositen para el pago de deuda regular, para cumplir también con los acreedores en litigio.

Este paso, a mi entender, es una señal de que Argentina no va a acatar el fallo de la justicia norteamericana, por lo que es de esperar que haya consecuencias legales y económicas. En las primeras, nuevas olas de embargos sobre todo activo del Estado argentino. En las económicas, un freno a los créditos de los organismos multilaterales (que si bien no son algo significativo en la actualidad, sí son lo único que consigue el Gobierno como financiamiento en dólares), sanciones en foros internacionales (una salida del G20, tal vez?).

Lamentablemente, como siempre sucede, las malas decisiones de política tienen impacto sobre la sociedad en su conjunto. En esta ocasión, la necedad de creer que la justicia en todo el mundo se comporta al gusto de nuestros dirigentes, nos llevará a un creciente aislamiento económico, justamente cuando el mundo está luchando por ir en la dirección opuesta.

jueves, 22 de agosto de 2013

Cuál es el riesgo de la inflación?


Introducción

Hace pocos días leí un informe de una compañía norteamericana que administra fondos de inversión que trataba el tema hiperinflaciones (es de acceso libre). La motivación del paper no tiene nada que ver con Argentina, sino con la discusión en diferentes países sobre las implicancias de lo que se ha llamado Quantitavie Easing (QE) que, puesto en los términos más sencillos posibles, es expandir (mucho) la cantidad de dinero, y si esa política podría sentar las bases de un proceso de inflación creciente, al extremo de una hiper.
No comparto la visión del analista, e incluso cualquier lector sudamericano se daría cuenta que por estos lados nunca se produjo una hiperinflación por caídas abruptas en la oferta (asociado a guerras generalmente), sino más por los fenómenos que descarta, especialmente el financiamiento del gasto público vía impresión de dinero.
Mi visión sobre lo que causa una hiperinflación, o su hermana menor la alta inflación, es un doble problema de demanda: el que recibe dinero en pago, considera que ese dinero no es valioso (cae la demanda de dinero) y hace lo posible por deshacerse de él (sube la demanda de bienes).
Cuál es la diferencia entre inflación e hiperinflación? El tamaño de la suba. En lo personal, no creo que haya diferencias cualitativas entre un caso y otro, sino cuantitativas. Dada la problemática local con la persistencia de la inflación en estos “últimos” 6 años…, creo que es un buen punto para analizar, desde lo conceptual, lo teórico y lo fáctico.

Lo conceptual

Arranquemos por la definición de manual de inflación: suba generalizada y sostenida de los precios durante un período de tiempo. Es decir, nos plantea tres situaciones claras y concurrentes: una tiene que ver con la difusión de las variaciones de precios, esto es, que tienen que estar subiendo una gran cantidad de precios, y no solo algunos casos puntuales. Esto descartaría lo que se denominan ajustes en precios relativos, concepto importantísimo para la economía, porque son este tipo de cambios los que determinarían las decisiones de reubicación del capital, por ejemplo. A modo de ejemplo, en los últimos años subieron más los commodities que las manufacturas, por cuestiones estructurales, dando lugar a cambios en la relación de precios entre estos productos. Si miramos estadísticas de inversión, veremos que la misma ha sido mayor en los sectores productores de los primeros que de los segundos.
Aclaración importantísima: cuando hablamos de precios, hablamos del precio de un bien medido en términos monetarios. Como siempre les digo a mis alumnos: un litro de nafta vale siempre un litro de nafta, lo que puede cambiar es cuántos pesos tengo que canjear por un litro.
El segundo componente de la definición es la persistencia. Esto es, no es suficiente que el precio de las cosas suba una vez para que tengamos que hablar de inflación, sino que se tiene que dar como fenómeno repetido.
En tercer lugar, y bastante ligado al concepto de persistencia, está la dimensión temporal. Acá creo que hace falta un paso más “técnico” para aclarar la idea. Los productos que consumimos pueden tener algo que se llama estacionalidad, muy claro en el caso de las frutas, verduras, ropa, turismo, por ejemplo. Estos productos “estacionales”, suben y bajan en momentos más o menos sabidos (la ropa sube cuando está por comenzar la temporada nueva (septiembre y marzo, por ejemplo), y baja con las liquidaciones de fin de temporada (agosto y febrero). Por lo que la dimensión temporal a que hacemos referencia, tiene más que ver con que estos productos estacionales continúen subiendo fuera de la etapa característicamente alcista.
Qué sería una hiperinflación? Una suba generalizada y sostenida de los precios durante un período de tiempo. Cuál es la diferencia, entonces? El tamaño de la suba. En lo personal, no creo que haya diferencias cualitativas entre un caso y otro, sino cuantitativas, y sobre esto voy a ahondar en esta nota.

Lo teórico

Cómo diferenciamos suba de precios de inflación? Que un precio suba no es suficiente para que eso sea inflación, como ya definimos. También falta que esa suba sea convalidad por el consumidor. Si soy un vendedor y por el motivo que sea, subo mis precios, todavía falta que la gente me compre, si nadie me compra, seguramente me veré en la necesidad de retrotraer los precios. Al final de cuentas, no hay inflación.
Para no complicar las cosas en extremo, y caer en la historia del huevo y la gallina, la idea es que los precios suben porque hay movimientos entre la oferta y la demanda que así lo determinan. La inflación sería a su vez, que los movimientos en la demanda de consumo son persistentemente mayores que los de la oferta. Una hiper, sería que ese desplazamiento se va acelerando progresivamente.
Para ser más correcto, puede ser también el caso que la demanda no esté creciendo, pero que la oferta esté cayendo (les suena carne vacuna?). Y acá es fundamental el tema persistencia de las subas. Si tengo una mala cosecha, puedo esperar que los precios agrícolas suban, hasta que llega la próxima cosecha, que de ser normal, corregiría los precios a la baja, y no sería apropiado hablar de inflación en la suba o deflación en la baja.
Otro punto completamente relevante al momento de discutir temas relacionados con inflación es la moneda. Como recordaba el gran economista Irving Fisher: “no es que los precios suben, sino que lo que cae es el valor de la moneda en que se miden lo precios”. Es decir, un proceso inflacionario es aquel en el que el dinero va perdiendo valor. Por lo que, más allá de lo que muchos economistas tratan de sostener, la inflación es completamente y únicamente un problema monetario.

Lo fáctico

Hoy el sistema monetario en Argentina, y la gran mayoría de los países del mundo, es lo que se llama dinero fiduciario. Es decir, la moneda vale por la confianza que los ciudadanos tienen en la unidad monetaria. Si tenemos más confianza en una moneda que en otra, esta se revaluará respecto de la otra, o a la inversa, se depreciará.
Qué pasa cuando uno pierde la confianza en, digamos, el peso? Hace todo lo posible por deshacerse de los pesos que tiene: los gasta o los trata de convertir a algún otro activo financiero (plazo fijo, moneda extranjera, bonos, acciones). El efecto, en uno u otro caso, es el mismo, el peso pierde valor, o en lenguaje corriente, hay inflación. Cuando hay una hiperinflación? Cuando la gente huye despavorida de la moneda local.
Entonces, qué puede motivar la pérdida de valor de la moneda? Está claro que con un sistema de moneda papel, donde en todo el mundo los billetes son más o menos iguales (papel pintado), la moneda no pierde valor de forma intrínseca. Como dije en la introducción, la inflación es un problema cuantitativo: si hay demasiado dinero (la oferta es mayor a la demanda), su valor va a caer.
En Estados Unidos, el QE implicó una triplicación de la cantidad de moneda en circulación, pero los precios no se movieron más que 2% al año en promedio. En Argentina, la cantidad de moneda en circulación se triplicó también, y los precios se movieron en promedio más de 20% al año. Por qué la diferencia? Una es técnica y suele escapar a la discusión del tema. Lo relevante para la inflación es la cantidad de medios de pagos que hay en la economía (no solo los billetes, sino también cuentas a la vista). Por esto, un indicador más apropiado de evolución de la cantidad de dinero es lo que se llama agregado monetario M2. Si comparamos estos indicadores, la realidad es muy diferente:
Tabla 1: Variación en agregados monetarios – 2013-2007



Es decir, la cantidad de dinero para realizar transacciones creció menos de 50% en EEUU, y en Argentina se multiplicó por 2,5. A qué responde esta diferencia sustancial? A la confianza en que las autoridades están haciendo lo correcto, y que por más que impriman a dos manos, se van a tomar todas las medidas necesarias para que la inflación no se descontrole. Si es así, si creo que se hace lo correcto con la política monetaria, no trato de deshacerme del dinero, sea comprando bienes o activos denominados en otra moneda.
Otra diferencia más que significativa es el rol internacional del Dólar como moneda de reserva, es decir, como refugio para todo el mundo, lo que plantea una demanda de dólares muy sostenida, que en estos últimos años de turbulencia económica internacional, con el Euro con muchos problemas, y el Yen sin conformar como reserva de valor, siguió siendo tomado como el refugio monetario más seguro (o el menos malo)
Pero volviendo a nuestros pagos, creo que de hecho, la única medida “acertada”, por poner algún adjetivo que es en exceso bondadoso, fue el cepo. Sin cepo, tal vez hoy no estaríamos hablando de la posibilidad de un desborde inflacionario, sino que lo estaríamos viviendo. Sin embargo, no es una política correcta porque no estoy dando solución al problema de fondo, sino estoy limitando las opciones para huir del Peso, en lugar de ponerle confianza al Peso.
El crecimiento en la cantidad de moneda lo determina el Banco Central pura y exclusivamente: es el único con poder de emisión (también es el que puede hacer que los bancos presten más o menos por medio de su poder de regulador, que en Argentina hoy está exacerbado por motivos que no vienen al caso).
En los últimos años la inyección de billetes (base monetaria) es para financiar el gasto del gobierno nacional, tal como se puede ver en la Tabla 2. Esto quiere decir que el Gobierno Nacional gasta más de lo que son sus ingresos, y para pagarlo le pide al Banco Central que le de billetes (de paso aclaro que es el único ejecutivo de nuestro país que puede hacer esto, las provincias y municipios si quieren gastar más de lo que les ingresa, tienen que pagar un interés).
Tabla 2: Composición del crecimiento de la Base Monetaria en Argentina
En la última columna de la tabla es ve de forma clara que salvo el Gobierno, el resto de la sociedad en conjunto no quiere tener tantos billetes en su poder como el Banco Central está generando.

Concluyendo

La primera cuestión que creo debemos asumir todos es que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario: es la pérdida de valor de la moneda relativo a los bienes que hay en una economía.
En este sentido, si la cantidad de dinero que hay disponible para comprar bienes, crece más rápido que la cantidad de bienes, enfrentaremos dos posibilidades: inflación o salida hacia otros activos, como el Dólar, y se me deprecia la moneda contra la de otros países (que luego podría, o no, generar impacto inflacionario). Lo que decía Friedman en una famosa frase: “demasiado dinero persiguiendo pocos bienes”
Mientras haya una persistencia en la emisión de dinero para financiar el gasto público, se producirá el aumento en la demanda más rápido que en la oferta de bienes, y su contracara, el aumento en la oferta de dinero con caída en su demanda. La suma de esto es el doble problema de demanda, hecho clave para explicar proceso inflacionarios.